Política | Iron Mountain

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Todavía sin justicia

El incendio en la calle Azara 1245 comenzó la mañana del 5 de febrero de 2014. Tres peritajes confirmaron que fue intencional. Pero al día de hoy, la lentitud del poder judicial y el blindaje mediático tanto a los supuestos damnificados como a Macri han logrado borrar esta historia emblemática de la agenda pública. Cuatro años sin justicia. Por Mailén González
Buenos Aires, 9 de febrero de 2018. Eran las ocho y media de la mañana cuando se inició el incendio y posterior derrumbe de las cuatro paredes del edificio de depósito de archivos de Iron Mountain en Azara al 1245, en el barrio porteño de Barracas. Rápidamente acudieron dotaciones de bomberos de la Policía Federal y los Bomberos Voluntarios de La Boca, Vuelta de Rocha, San Telmo y Puerto Madero para extinguir el fuego. Defensa Civil, agentes de la Policía Federal Argentina, la Policía Metropolitana y la Prefectura Naval Argentina también acudieron a la escena y colaboraron en la remoción de escombros y en las tareas de rescate de las personas que quedaron atrapadas por el derrumbe provocado por las llamas. Un incendio que encubre una oscura trama donde se entretejen causas de lavado de dinero que involucran a grandes empresas, falta de controles de parte del gobierno porteño y la muerte de 10 bomberos y rescatistas. Las llamas devoraron millones de papeles que, se sospecha, daban pistas de millones de dólares fugados del circuito legal. El rol del presidente Mauricio Macri, entonces jefe de gobierno porteño, es crucial tanto en lo vinculado a delitos financieros como a la responsabilidad estatal. La investigación avanza, pero no sobre las responsabilidades de los funcionarios. Los familiares de las víctimas denuncian encubrimiento y dos sobrevivientes se suicidaron.

En el desarrollo de las tareas de combate del fuego y rescate, un grupo de bomberos ingresó al depósito por la entrada de la calle Azara, mientras que otro grupo trataba de entrar por la puerta de la calle Jovellanos, cuando una pared se les desmoronó encima. A causa del derrumbe, fallecieron el comisario inspector Leonardo Day; la subinspectora Anahí Garnica; los cabos primero Eduardo Adrián Conesa y Damián Véliz, y los agentes bomberos Maximiliano Martínez y Juan Matías Monticelli. Además, perdieron la vida los bomberos José Luis Méndez Araujo (del Cuartel de Bomberos Voluntarios de Villa Domínico); Sebastián Campos (del Cuartel de Bomberos Voluntarios de Vuelta de Rocha), y el rescatista Pedro Báricola de Defensa Civil del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Asimismo, resultaron gravemente heridos los bomberos Daniel Díaz y Facundo Ambrosi, quien murió 12 días después.

Desde un primer momento se había sospechado que el inicio del fuego no fue fortuito sino que el incendio tuvo como objetivo destruir documentos de grandes empresas y bancos nacionales y multinacionales que los conectarían con maniobras de lavado de dinero. Mas cuando no era la primera vez que se incendiaban depósitos de Iron Mountain. En 1997 se quemaron tres depósitos de la empresa en Nueva Jersey, Estados Unidos; en 2006 en Ottawa, Canadá y en Londres; en 2011 en Italia. En tres de los casos se comprobó que los incendios fueron intencionales. En agosto de 2014, una investigación de la Comisión Nacional de Valores (CNV) y la Procuraduría de Criminalidad Económica y Lavado de Activos (PROCELAC), encontró 29 coincidencias entre clientes de Iron Mountain e investigaciones o denuncias por lavado de dinero, fraudes y delitos tributarios.

Más de un año después de la tragedia, el 27 de febrero de 2015, los peritos de la Policía Federal informaron a la Justicia que el incendio había sido causado intencionalmente. Las investigaciones probaron que el incendio se inició entre los depósitos N°7 y N°8, a unos siete metros de la línea de edificación de la calle Benito Quinquela Martín. "Se encontraron rastros de sustancias combustibles y se estableció que el foco del fuego se produjo por dispositivos colocados al efecto, ya que también se encontraron restos de conductores y transformadores de energía, que no se correspondían con partes de equipos del lugar", dijeron los peritos. Un segundo estudio, a cargo de expertos del Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI), ratificó que el daño fue provocado.

Con los resultados en la mano, y la carga de diez personas muertas, la fiscal Romina Monteleone solicitó las indagatorias para 32 personas. En el pedido, la funcionaria consideró "que en la propagación del incendio objeto de pesquisa han incidido una suma de deficiencias, irregularidades, negligencias e incumplimientos por parte de la empresa que tenía a su cargo la explotación del establecimiento siniestrado, de diversos órganos de contralor y de terceros que tenían a su cargo la responsabilidad de garantizar que el establecimiento cumpliera con todas las medidas de seguridad pertinentes, contribuyendo con su obrar no solo a la producción de pérdidas materiales, sino, y fundamentalmente, al trágico desenlace que supone la pérdida de diez vidas humanas que se encontraban en el lugar brindando un servicio público de protección".

Monteleone pidió indagar a funcionarios del gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, de la Dirección General de Habilitaciones y Permisos (DGHyP) Norberto Ventura Sosa y Edgardo Nar, de la Dirección General de Fiscalización y Control (DGGyC) a Norberto Leandro Hirsfeld, Jorge Barbieri, Félix Raimundo Lugo, Jorge Papanicolau, Ricardo Grunfeld y Alberto Graziani, de la Dirección General de Fiscalización y Control a Rafael Mario Roldán, Fabián Conrado Davies y Pierre Louis Chapar, entre otros.

La fiscal también indagó a directivos y empleados de Iron Mountain, y a funcionarios de la Superintendencia Federal de Bomberos de la Policía Federal Argentina (SFBPFA). No pidió indagatorias aún para el entonces titular de la Agencia Gubernamental de Control (AGC), Juan José Gómez Centurión, para interrogarlo sobre el hecho de que se habrían detectado irregularidades en las inspecciones realizadas en el depósito con anterioridad al incendio, entre ellas la realizada por el inspector Edgardo Castro, quien había pedido la clausura del depósito en 2008.

El 12 de mayo del año pasado, el juez Pablo Ormaechea, a cargo de la instrucción, dictó los sobreseimientos del inspector de la Dirección de Prevención porteña, Matías Griffo, y del comisario inspector Raúl Arbor, jefe del Departamento Seguridad contra Incendios y Riesgos Especiales acusados de "incurrir en un acto de corrupción para obviar los pasos de la habilitación". Los dos funcionarios están sospechados de permitir que "en un solo día se presentaran los planos, se realizara la verificación ´in situ´, se confeccionara el informe técnico y se emitiera el certificado de aprobación" del depósito. La disposición de Ormaechea alcanzó también a Ignacio Miguel Aldamiz Echeverría, el representante de la firma encargado de gestionar el trámite.

La fiscal Monteleone y varias de las querellas apelaron porque "la prescripción se suspende en los casos de delitos cometidos en el ejercicio de la función pública, para todos los que hubiesen participado, mientras cualquiera de ellos esté desempeñando un cargo público". En julio pasado por los jueces de la Sala VI de la Cámara en lo Criminal y Correccional de la Capital Federal Julio Marcelo Lucini y Rodolfo Pociello Argerich le dieron la razón a la fiscal y revocaron los sobreseimientos. Desde entonces poco y nada se ha avanzado.

La historia de Iron Mountain

El desembarco de Iron Mountain en Argentina fue en 1995, cuando construyó un depósito en la calle Saraza 6135. En 1998 construyó un nuevo depósito en Azara 1245, donde se produjo el incendio en 2014. Luego absorbió otras empresas dedicadas a la custodia de archivos: en 2002 Kestrel Servicios de Archivos SA y en 2003 Box Security SA. En 2012, Iron Mountain construyó un nuevo depósito en Carlos Spegazzini, cerca de Ezeiza. Un cuarto depósito, en Amancio Alcorta 2396, tuvo varias etapas de construcción.

Sin embargo, esta multinacional tiene una historia que se remonta a 1936. Su fundador, Herman Knaust, tuvo la idea primigenia de cultivar hongos en una mina de hierro abandonada. De ahí el nombre de la empresa: Iron, de hierro, Mountain, de montaña. Poco más de una década después el negocio de los hongos ya no era redituable. Pero, cuenta la historia oficial de la compañía, en el contexto de Guerra Fría a Knaust le preocupaba la posibilidad de bombardeos y pensó en su mina de hierro como un refugio seguro para valores de todo tipo: desde documentos hasta obras de arte. “Este negocio crecerá como las setas” le dijo Knaust al Wall Street Journal el 24 de octubre de 1952. En este caso, la visión de negocios funcionó. Desarrolló contactos en Nueva York que le abrieron una clientela de bancos y otras empresas que querían guardar documentos importantes. Iron Mountain fue, así, pionera en el negocio de protección de documentos. A la mina original sumó otra y en 1978 un nuevo depósito pero esta vez en la superficie. En 1988 absorvió Bell & Howell Records Management, Inc., una filial de Bell & Howell Corporation, que por entonces la aventajaba en varias zonas de Estados Unidos. Todo fue viento en popa, y en 1996 Iron Mountain empezó a cotizar en Bolsa.

Pero hay muchos datos que muestran que Iron Mountain esta lejos de ser una simple empresa de guarda de documentos. Por ejemplo, sus directivos mantienen la regla de la puerta giratoria que existe en Estados Unidos por la que hombres y mujeres pasan de funcionarios públicos a gerentes sin solución de continuidad. En este caso, provenientes de agencias de inteligencia. Por ejemplo, el CEO de Iron Mountain, William Meaney, fue oficial de la CIA. El Jefe de Seguridad Jack A. Faer, es un ex agente especial del FBI. Otro dato notable es la presencia de Iron Mountain a nivel global en una serie de guaridas fiscales, lo que le permite (como a todas las multinacionales) poder controlar sus precios de transferencia y evadir impuestos. La sede central de Iron Mountain esta oficialmente en Boston. Pero tiene oficinas en Bahamas, Delaware, Florida, Gibraltar, Hong Kong, Irlanda, Jersey, Luxemburgo, Panamá. Todos, según Tax Justice Network, territorios opacos donde se cometen delitos financieros.

También tuvo incendios en varias de sus sedes. En 1997 3 depósitos en Nueva Jersey, Estados Unidos; en 2006 en Ottawa, Canadá y en Londres; en 2011 en Italia. Varios de ellos se comprobó que fueron intencionales, pero a diferencia del caso argentino no sólo no murió nadie sino que no se indagó la posibilidad de que los papeles quemados ocultaran pruebas de delitos financieros.

En sus balances menciona los incendios, pero en general los toma como una cuestión contable. Por ejemplo, respecto del incendio en Argentina, figura en sus balances de 2014 y 2015. A pesar de que en febrero de 2015 se determinó que el incendio fue intencional, en el balance insisten en que la causa se esta investigando y no aclaran este punto. Estiman que el incendio les costó 3,5 millones de dólares, pero que eso no influye en sus finanzas ni operaciones, y que lo que se quemó representa un 0,5% de sus ingresos. 

Conexión lavado

Cuando se difundió la noticia del incendio de Iron Mountain, la primera en actuar fue la Comisión Nacional de Valores (CNV), por esos días a cargo de Alejandro Vanoli. La entonces Gerente de Emisoras de la CNV, Karina Bermúdez, mandó a consultar a todas las empresas controladas por el organismo si tenían papeles en ese depósito. Hasta entonces las empresas no estaban obligadas a informar sobre donde guardaban su documentación. Recién el 14 de agosto de 2014, producto de la experiencia de Iron Montain, la resolución 629 de la CNV estableció las normas de guardado de documentación y la obligatoriedad de informarle donde y qué guarda.

Pero al momento del incendio, esto no existía. La pesquisa dio resultado y fue remitida a la Procuraduría de Criminalidad Económica y Lavado de Activos (PROCELAC), por entonces conducida por Carlos Gonella, desde donde cruzaron los nombres de las empresas con causas abiertas sobre lavado de dinero. Encontraron 29 coincidencias entre clientes de Iron Mountain e investigaciones o denuncias por lavado de dinero, fraudes y delitos tributarios.

Uno de los casos más importantes era del banco HSBC, del que aún no se conocían las revelaciones de su ex empleado Hervé Falciani sobre el ocultamiento de 4.040 cuentas de titulares argentinos, entre personas y empresas. Aún así, el HSBC ya era investigado por PROCELAC por otras cuestiones. Lo cierto es que el HSBC tenía 46.528 cajas de las que perdió 26.326. O sea, se le quemaron más de la mitad: según el HSBC, eran el 4% de la totalidad de documentación que Grupo HSBC en Argentina que guardaba en distintos depósitos. Sin embargo, las cifras no coinciden en los distintos informes que presentaron.

Iron Mountain informó que las cajas afectadas fueron 26.326. El HSBC le informó al Banco Central que perdió 30.499 cajas y la PROCELAC recibió información de que fueron 30.732. A su vez, el HSBC informó que no tenía un back up de la información que guardaba en Iron Mountain. Así las cosas, la destrucción de esa información generó luego demoras en las investigaciones contra Gabriel Martino, su presidente, y los centenares de argentinos con cuentas sin declarar.

Pese a todo lo anterior, HSBC ocupa el segundo lugar entre los mayores damnificados por el incendio. El primero es el Banco Patagonia, que de las 65.705 cajas que tenía se le quemaron 57.015, el 86%. El Patagonia le informó al Banco Central que no tenía respaldo de toda esa documentación. Lo notable es que era investigado junto a JP Morgan, Merrill Lynch y el Grupo Estrada por lavado de activos, asociación ilícita, administración fraudulenta y publicación de balances falsos. Esta denuncia se inició con los aportes del ex JP Morgan Hernán Arbizu, que en 2009 se autodenunció en Argentina como ejecutor de maniobras de lavado y fuga de dinero para decenas de empresas pero que, ante la pasividad del juez Sergio Torres y el fiscal Guillermo Marijuán en la investigación, terminó aceptando su extradición a Estados Unidos tras la asunción de Macri.

No es casual que JP Morgan fuera otro de los supuestos damnificados en Iron Mountain, donde perdió 4.000 de las 4.406 cajas que tenía depositadas. Mismo caso el del BNP Paribas, que perdió 1.206 de las 2.554 cajas guardadas en Iron Mountain. Este caso cual, va camino a juicio oral, gracias a la investigación conjunta de los fiscales Gonella, Paula Asaro, Horacio Azzolin y Sandro Abraldes, que demostraron la constitución de una oficina clandestina desde la cual se ocultaron alrededor de 1.000 millones de dólares en guaridas fiscales.

Los bancos HSBC, Patagonia y JP Morgan Chase Bank perdieron documentación clave que no tenía copias. Otro dato notable es que varias de las empresas investigadas por lavado retiraron cajas de ese depósito justo antes del incendio, entre diciembre del 2013 y febrero del 2014. El JP Morgan Chase Bank retiró 27 cajas con documentación sobre balances y contratos varios. BNP Paribas retiró 12 cajas con información sobre comercio exterior  del año 2008; el HSBC retiró llamativamente 249 cajas con documentación a partir del 2010.

Estos no son los únicos casos de empresas con documentación en Iron Mountain que eran investigados por la PROCELAC. Entre otros, estan la Compañía General de Hacienda, La República Compañía Argentina de Seguros Generales, Nidera, Indocredit Cooperativa de Crédito, Puente Hermanos Sociedad de Bolsa, Banco General de Negocios, Infin Sociedad de Bolsa, Ipesa, Credit Suisse F. Boston Trading, Preceder, Application Software, Banco Saenz, Endemol Argentina, Bolsafe Valores, Marcos Marcelo Mindlin y Pampa Holding (Edenor). También perdieron documentación en el incendio empresas como Jumbo, Quilmes, Alpargatas, McDonalds, Galeno, Monsanto, Banco Santander Rio, Aerolíneas Argentinas, Telefónica, Cargill, Telecom, DirecTV, Máxima AFJP, Swiss Medical, Mapfre, Deloitte, Mercado Libre, La Caja, Pelikan, Adecco y Edesur.

La propia Iron Mountain tiene una causa por maniobras financieras sospechosas previa al incendio. En 2013, la AFIP detectó algo extraño: un préstamo de más de 17 millones de dólares otorgado a la sede argentina de Iron Mountain por otra subsidiaria de la misma multinacional canalizado desde Suiza a través del HSBC. La sede argentina realizó pagos por 1,8 millones de dólares. Todo esto también llamó la atención de la Unidad de Información Financiera (UIF) en tiempos de José Sbatella, que se presentó como querellante en la causa que cayó en manos del Juez Sergio Torres y el fiscal Eduardo Taiano. La causa, al día de hoy, esta estancada.

Macri y Gomez Centurión

A Macri la historia de Iron Mountain lo toca por todos los flancos. En 2009 el entonces jefe de gobierno condecoró a la empresa por ser una de las primeras en radicarse en el distrito tecnológico diseñado por quien era Ministro de Producción de la ciudad, Francisco Cabrera, que hoy ocupa el cargo homónimo a nivel nacional pero que en su pasado laboral esta ligado a, por ejemplo, el HSBC. Este distrito tenía como objetivo la radicación de empresas de tecnología en la zona sur de la ciudad, bajo el incentivo de beneficios impositivos como la exención de Ingresos Brutos, Impuesto de Sellos, ABL y otros. Nada explica porqué Iron Mountain, que guardaba papeles, tenía beneficios de empresa tecnológica. Lo cierto es que la sede de Iron Mountain que se incendió no estaba dentro del distrito tecnológico: pero como la empresa tenía su domicilio legal en otro depósito que sí quedaba dentro de ese perímetro lograba la exención de impuestos.

Por otro lado, varias cajas con documentación que se perdieron por el incendio eran de empresas de la familia Macri. En el ranking de las empresas que más documentación perdieron se encuentra Servicio Electrónico de Pago SA, nombre legal de Pago Fácil, empresa controlada por SIDECO, del clan Macri. De las 18.150 cajas que tenía en el depósito se le quemaron 6.585, o sea, el 36%. Si bien los rótulos de la cajas no son determinantes, ya que no es una nomeclatura legal sino que cada empresa pone la referencia que quiera, son más que sugerentes y cobraron otro significado tras las revelaciones de las Panamá Papers y nuevas investigaciones sobre las empresas del presidente Macri radicadas en guaridas fiscales. La caja Caja N° KN100156447 tenía el rótulo “VARIOS PARATY-PANAMA-OMEXIL-UR”. Las palabras son más que sugerentes. Panamá es donde aparecieron varias sociedades offshore vinculadas al clan Macri; Omexil es una de ellas. Había dos cajas cuyos rótulos eran Caja N°: 311842187 INF. DIAR IECSA BCE BRASIL y Caja N° 552218760 BRASIL CTAS. La conexión actual deriva de que la triangulación de negocios offshore de Macri pasaba por Brasil. Según las investigaciones derivadas de los Panamá Papers, el negocio de los Macri en Brasil estaba relacionado con el sistema de Pago Facil a través de las empresas creadas en paraísos fiscales. Es decir, una hipótesis posible es que en Iron Mountain se quemaron papeles vinculados a las operaciones de Pago Fácil en Brasil. También hay vinculaciones a Macri desde otro banco que tenía papeles en Iron Mountain mientras era investigado por la PROCELAC: el Banco Interfinanzas Creditanstalt, finalmente comprado por familiares de Macri.

El rol de Juan José Gómez Centurión es vital. Este militar retirado, suele ostentar que combatió en la guerra de Malvinas. Tras el retorno democrático, simpatizó con los alzamientos carapintadas que hicieron tambalear al gobierno de Raúl Alfonsín. Se retiró del Ejército en 1997 e hizo un doctorado en Ciencia Política en la Universidad Kennedy y una maestría en Estrategia y Defensa nacional en el Centro de Estudios para la Nueva Mayoría. Llegó a las filas de Macri en 2012, cuando el entonces jefe de gobierno de la ciudad lo nombró al frente de la Agencia Gubernamental de Control (AGC). Desde la AGC tenía bajo su responsabilidad el control de depósitos como el de Iron Mountain, que no cumplía con diversas normativas de seguridad. Pero lo más notorio son dos datos. 

Uno, que una vez retirado del Ejército trabajó en varias empresas privadas, entre ellas las cadenas Cencosud y Jumbo y el Banco Velox. El dato llamativo es que tanto Jumbo como Cencosud tenían cajas en Iron Mountain. Jumbo es la cuarta empresa que más cajas perdió. Tenía en ese depósito 23.416 cajas y se le quemaron 10.541, el 45%. Cencosud, por su parte, retiró 243 cajas del depósito en los días previos al incendio. Respecto al banco Velox, el Fideicomiso Revel tenía papeles que figuran con el rótulo Velox que se perdieron en el incendio. O sea, empresas donde trabajó Gomez Centurión tenían intereses en Iron Mountain. El segundo hecho fundamental es su potencial rol como encubridor de las responsabilidades de Macri en particular y del gobierno porteño en general. A partir del impulso de varios legisladores, el 18 de mayo de 2015 (más de un año después del incendio) Gómez Centurión compareció ante la legislatura porteña para dar explicaciones. Aunque lo de explicaciones fue un eufemismo: entre otras cosas, reconoció que el expediente de habilitación de Iron Mountain estaba oficialmente extraviado y lo estaban reconstruyendo. Sobre las muertes de los bomberos, insinuó que fue su propia impericia: "Los depósitos de papel se queman y se terminó la historia".


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