Información general | Reciclado en retroceso
07/08
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Privatizar la basura
El reciclado en la Ciudad de Buenos Aires atraviesa una crisis silenciosa que se refleja en la falta de contenedores verdes, la desaparición de los puntos de recepción y la caída en los índices de recuperación de plásticos. Aunque la Ley de Basura Cero sancionada en 2005 había convertido a la capital argentina en pionera en la región al incorporar a cooperativas de recuperadores urbanos en el sistema de recolección diferenciada, veinte años después las metas no se cumplieron y el trabajo de más de 7.000 cartoneros está en riesgo, mientras el gobierno porteño avanza hacia un modelo privatizado que amenaza con excluirlos. Por Joaquín Ramírez Souto Buenos Aires, 7 de agosto de 2026. La norma preveía que para 2020 se alcanzara un 100% de recuperación de residuos, un objetivo utópico que nunca se concretó. Por el contrario, hoy se generan más desechos y el porcentaje de reciclado viene cayendo. Según un informe de Ecoplas y la Cámara de Industrias de Reciclados Plásticos, la recuperación de plásticos cayó 11 puntos en el último año: la proporción de plásticos posconsumo domésticos reciclados se situó en 14,6% en 2025 frente al 25,8% del período anterior. La participación del plástico reciclado sobre el total del consumo nacional bajó al 12,44%, cuando en 2024 había sido de 16,66%. Es la primera caída desde que se mide el índice, en 2003. El trabajo atribuye el retroceso al aumento de costos, la importación de residuos y la falta de una ley de responsabilidad extendida que obligue a las empresas a hacerse cargo de los envases post consumo.
La paradoja es que, según la misma encuesta, el 82% de la población separa sus residuos reciclables al menos de manera ocasional, lo que refleja un cambio cultural en ascenso frente al 64% de 2022 y el 60% de 2019. Sin embargo, los vecinos se quejan cada vez más en redes sociales por la falta de contenedores verdes y puntos de recepción. La Ley de Basura Cero establecía que debía haber un contenedor verde cada 150 metros, pero la realidad dista de esos números. Hoy existen 33.045 contenedores en total, de los cuales 28.456 son negros y grises para basura común y apenas 4.589 son verdes para reciclables, lo que implica una proporción de uno de reciclables por cada seis de basura. El gobierno porteño ofrece un mapa digital y canales de contacto como BOTI, el 147 o la web colaborativa para solicitar instalación o reposición, pero la percepción ciudadana es que los verdes escasean.
La situación se agrava con la eliminación progresiva de los Puntos Verdes, que en 2021 eran 80, en 2023 quedaron 40 y hoy apenas subsisten 21. Estos espacios, que en un principio estaban atendidos por concientizadores ambientales y luego se convirtieron en estaciones autogestionadas, eran clave para orientar a los vecinos sobre cómo separar correctamente. También los puntos verdes móviles, pequeñas camionetas que recorrían ferias y eventos, han visto discontinuados sus recorridos o se desconocen sus horarios. La consecuencia es que muchos residuos reciclables terminan mezclados en los contenedores, lo que reduce la eficacia del sistema. Una recorrida por la ciudad muestra que en los contenedores verdes se arroja de todo: descartes de verdulerías, bolsas de consorcio con basura común y restos orgánicos. Lo mismo ocurre en los cestos de plazas y parques, donde sin educación ambiental ni control, los residuos reciclables y no reciclables se mezclan indiscriminadamente.
La directora de Ecoplas, Verónica Ramos, insiste en que la clave está en la educación ambiental. “Primero hay que concientizar a la ciudadanía, tener infraestructura, colocar los contenedores e informar qué residuos van en cada uno, además del horario para sacar la basura”, señala. Recomienda separar en casa una bolsa para orgánicos y otra para reciclables como papel, cartón y plástico, y explica que los envases plásticos deben enjuagarse levemente y secarse para no contaminar otros materiales. Luego se llevan al contenedor verde, al punto de recepción o se entregan a un recuperador, que los deriva a plantas donde se separan y se comercializan en fardos a la industria recicladora. Allí se lavan en profundidad y se convierten en pellets, materia prima para nuevos productos.
La crisis del reciclado en Buenos Aires contrasta con experiencias exitosas en ciudades medianas del país como Rafaela, Trenque Lauquen o Tafí Viejo, que cuentan con programas de recuperación y hasta parques industriales del reciclado donde se revalorizan materiales. Allí la educación ambiental en las escuelas es central, con contenidos formales y actividades lúdicas que enseñan a separar residuos. En Buenos Aires, en cambio, la falta de información es uno de los principales obstáculos: más de la mitad de quienes no separan dicen no saber cómo hacerlo ni dónde disponer los materiales, y otro tanto afirma no tener tiempo.
El trasfondo político también es relevante. El gobierno de Jorge Macri lanzó una licitación pública que reemplazará la recolección de reciclables a cargo de cooperativas por un sistema abierto a empresas privadas. Para Alicia Montoya, titular de la Cooperativa El Álamo, “los nuevos pliegos tienen que ver con un negocio millonario y además de excluir a los trabajadores, generan confusión entre comerciantes, empresas y vecinos, que ya no saben dónde llevar sus reciclables”. El riesgo es que se desarticule un modelo de reciclaje con inclusión social que fue referencia en la región y que permitió la integración laboral de miles de cartoneros.
La Ciudad de Buenos Aires, que alguna vez se presentó como pionera en políticas de Basura Cero, enfrenta hoy un retroceso que pone en cuestión su compromiso ambiental. La caída en los índices de reciclado, la falta de infraestructura adecuada y la exclusión de las cooperativas dibujan un panorama preocupante. La educación ambiental aparece como la única salida para revertir la tendencia, pero requiere voluntad política y recursos. Mientras tanto, los vecinos siguen preguntándose dónde están los contenedores verdes y cómo hacer para que sus esfuerzos de separación en casa no terminen en la nada.
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