Información general | Vehículos autónomos
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Autorizan pruebas piloto
La Ciudad de Buenos Aires se convirtió en la primera jurisdicción del país en autorizar pruebas piloto de vehículos autónomos de Nivel 4 SAE y drones terrestres en la vía pública, un paso que marca un hito en la política de innovación urbana y abre un nuevo capítulo en la regulación de tecnologías de movilidad avanzada. La medida, formalizada por la Secretaría de Transporte con intervención de la Dirección General de Seguridad Vial y las áreas de Planificación y Gestión de la Movilidad, establece un esquema progresivo de implementación, estrictos protocolos de supervisión y permisos específicos por proyecto, con el objetivo de evaluar el desempeño de sistemas robotizados capaces de operar sin intervención humana directa dentro de zonas delimitadas. Por Joaquín Ramírez Souto Buenos Aires, 28 de agosto de 2026. La resolución destaca que los vehículos autónomos representan una innovación disruptiva en el transporte automotor, con potencial para reducir la siniestralidad vial, optimizar la eficiencia de la movilidad y disminuir la congestión. La Ciudad viene explorando desde hace años la incorporación de tecnologías inteligentes en la gestión del tránsito, pero esta autorización constituye el primer marco normativo local que habilita la circulación controlada de unidades sin chofer en espacios públicos. La referencia al Nivel 4 SAE implica que el software puede asumir la conducción completa dentro de un área geográfica previamente mapeada, tomando decisiones en tiempo real sin requerir asistencia humana, aunque la reglamentación porteña impone límites estrictos en esta etapa inicial.
Durante la primera fase del programa, los autos autónomos deberán circular con una persona a bordo capacitada para asumir el control inmediato ante cualquier falla del sistema. Este requisito funciona como una salvaguarda obligatoria y solo podrá retirarse en instancias posteriores, cuando los prestadores acrediten un desempeño técnico satisfactorio y mantengan las pólizas de cobertura exigidas. La Ciudad busca evitar escenarios de riesgo y garantizar que la transición hacia la automatización se realice de manera gradual, con monitoreo permanente y trazados previamente definidos. No habrá circulación libre ni espontánea: cada empresa interesada deberá solicitar un permiso específico por proyecto, que delimitará el perímetro de operación y las condiciones técnicas de cada ensayo.
En paralelo, la normativa habilita el despliegue de drones terrestres sin conductor, dispositivos robotizados con ruedas destinados a tareas de logística de última milla, limpieza, mantenimiento e inspección del espacio urbano. A diferencia de los automóviles, estos equipos sí podrán iniciar sus pruebas sin operador presencial desde el comienzo, siempre que cumplan con los estándares técnicos establecidos. La Ciudad considera que estos robots presentan un nivel de riesgo menor por su tamaño, velocidad y función, y que pueden contribuir a mejorar la eficiencia de servicios urbanos que hoy requieren desplazamientos humanos repetitivos o de baja complejidad.
La autorización se inscribe en un contexto internacional donde las pruebas con vehículos autónomos avanzan en ciudades como Phoenix, San Francisco, Tokio y Singapur, y donde los marcos regulatorios buscan equilibrar innovación y seguridad. En Argentina, hasta ahora no existía una normativa que permitiera ensayos en vía pública, por lo que la decisión porteña inaugura un terreno regulatorio que probablemente será observado por otras jurisdicciones y por el sector tecnológico. La Ciudad sostiene que la incorporación de estas tecnologías puede mejorar la movilidad en corredores de alto tránsito, reducir incidentes asociados al error humano y abrir oportunidades para el desarrollo de soluciones locales en materia de software, sensores y robótica.
El esquema de permisos contempla la obligación de presentar documentación técnica detallada, mapas de operación, protocolos de emergencia y sistemas de comunicación en tiempo real con los equipos de supervisión. Las empresas deberán acreditar seguros específicos y mecanismos de redundancia que garanticen la detención segura del vehículo ante cualquier falla. La Ciudad también podrá suspender las pruebas si detecta incumplimientos o riesgos no previstos. La presencia de supervisores humanos en la fase inicial busca asegurar que la transición hacia la autonomía se realice sin comprometer la seguridad vial ni la integridad de peatones y otros usuarios de la vía pública.
La tecnología evaluada corresponde a una de las escalas más avanzadas de automatización disponibles comercialmente. Los vehículos de Nivel 4 pueden operar sin conductor dentro de zonas geográficas delimitadas, aunque no están preparados para circular de manera completamente autónoma en cualquier entorno. La Ciudad utilizará estos ensayos para estudiar el comportamiento de los sistemas en condiciones reales, evaluar su interacción con el tránsito porteño y analizar su eventual integración futura en servicios de movilidad, logística o transporte público.
La decisión abre un debate sobre el futuro de la movilidad urbana y el rol de las ciudades en la regulación de tecnologías emergentes. Buenos Aires busca posicionarse como un laboratorio de innovación, pero también como una jurisdicción que establece reglas claras para evitar riesgos y garantizar que la automatización se incorpore de manera responsable. Las pruebas piloto permitirán medir el impacto real de estas tecnologías y definir si, en el mediano plazo, pueden convertirse en herramientas para mejorar la seguridad vial, reducir costos operativos y transformar la experiencia de desplazarse por la ciudad.
En definitiva, la autorización de vehículos autónomos y drones terrestres marca un punto de inflexión en la política de movilidad porteña. La Ciudad abre la puerta a un futuro donde la conducción automatizada podría convivir con el tránsito tradicional, pero lo hace bajo un esquema de control estricto, gradual y basado en evidencia técnica. El desafío será avanzar sin perder de vista que la innovación, para ser sostenible, debe estar acompañada por regulaciones sólidas, supervisión constante y una evaluación rigurosa de sus efectos en la vida urbana.
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