Política | Bono Tango

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Más deuda

El endeudamiento de la Argentina bajo las gestiones del macrismo y los libertarios se ha convertido en un eje central de preocupación: mientras el gobierno de Mauricio Macri incrementó la deuda externa en más de 54 mil millones de dólares y firmó el mayor acuerdo de la historia con el FMI, la actual administración libertaria y sus aliados en la Ciudad de Buenos Aires vuelven a recurrir al crédito internacional, como lo demuestra la reciente emisión de un bono por 500 millones de dólares. El gobierno de Jorge Macri celebró la colocación como un signo de confianza en la administración local. Sin embargo, detrás de la retórica oficial, la emisión refleja la necesidad de refinanciar vencimientos inmediatos y futuros, en un escenario donde la recaudación impositiva lleva meses en caída y las provincias también recurren al endeudamiento externo para sostener sus cuentas. Por Mateo Salvo Buenos Aires, 8 de mayo de 2026. El regreso de la Ciudad de Buenos Aires al mercado internacional con la colocación de la Serie 14 del Bono Tango, por 500 millones de dólares a diez años y bajo legislación inglesa, marca un nuevo capítulo en la historia del endeudamiento argentino. La operación, realizada en Nueva York, logró captar fondos a una tasa del 7,375%, la más baja en la historia crediticia del distrito desde su autonomía en 1996. El gobierno de Jorge Macri celebró la colocación como un signo de confianza en la administración local y en el contexto nacional, destacando que se recibieron ofertas por más de 3.000 millones de dólares, seis veces el monto finalmente adjudicado. Sin embargo, detrás de la retórica oficial, la emisión refleja la necesidad de refinanciar vencimientos inmediatos y futuros, en un escenario donde la recaudación impositiva lleva meses en caída y las provincias también recurren al endeudamiento externo para sostener sus cuentas.

El endeudamiento sistemático no es nuevo. Durante la gestión de Mauricio Macri, entre 2015 y 2019, la deuda bruta de la administración central aumentó en 54 mil millones de dólares, con un promedio anual de 13.502 millones. El peso de la deuda respecto del PBI pasó del 52,6% en 2015 al 80,7% en 2019. El acuerdo con el FMI de 2018, por 57 mil millones de dólares, se convirtió en el mayor préstamo otorgado en la historia del organismo y en un símbolo de la dependencia financiera del país. La política de apertura económica y liberalización de variables, acompañada por el endeudamiento externo, derivó en una crisis marcada por corridas cambiarias, devaluaciones, pérdida de reservas y aumento de la inflación.

El paralelismo con la actualidad es evidente. La administración libertaria, que prometió romper con los vicios del pasado, recurre a mecanismos similares para sostener la gestión. La Ciudad de Buenos Aires, gobernada por Jorge Macri, se presenta como un ejemplo de “orden fiscal” y “reputación crediticia”, pero en la práctica se endeuda para cubrir vencimientos y garantizar liquidez. La emisión de noviembre de 2025, por 600 millones de dólares a una tasa del 7,8%, ya había marcado el regreso al mercado internacional, y la reciente colocación refuerza la tendencia. El discurso oficial insiste en la sustentabilidad de las cuentas públicas, pero la realidad muestra que el endeudamiento se convierte en una herramienta recurrente para enfrentar compromisos financieros, en lugar de una estrategia excepcional.

El endeudamiento de las jurisdicciones subnacionales también genera preocupación. Córdoba, Santa Fe y Entre Ríos siguieron el mismo camino, emitiendo deuda en los mercados internacionales tras el triunfo electoral del oficialismo. La calificadora Moody’s advirtió que los gobiernos regionales deberán afrontar un perfil de vencimientos exigente y que su solvencia dependerá de mantener el acceso al crédito en un contexto de márgenes fiscales ajustados. La advertencia es clara: sin crecimiento económico y con una recaudación en retroceso, el endeudamiento puede convertirse en un círculo vicioso difícil de sostener.

La historia reciente demuestra que el endeudamiento sistemático no garantiza estabilidad. En el caso del macrismo, la dependencia del crédito externo terminó en crisis y en un acuerdo con el FMI que condicionó la política económica. En el presente, la administración libertaria y sus aliados locales vuelven a apostar por la deuda como mecanismo de financiamiento, en un escenario donde la confianza de los mercados se sostiene más por la expectativa de disciplina fiscal que por la fortaleza de la economía real. La emisión de la Ciudad de Buenos Aires es presentada como un logro, pero también expone la fragilidad de un modelo que, lejos de romper con el pasado, reproduce las mismas lógicas que llevaron al país a una crisis de deuda. La pregunta que se abre es si el endeudamiento actual podrá evitar repetir el desenlace de 2018-2019 o si, por el contrario, terminará profundizando la dependencia financiera y la vulnerabilidad estructural de la Argentina.


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