Política | La pobreza avanza

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Más pobre y más desigual

La pobreza multidimensional volvió a crecer en la Ciudad de Buenos Aires y alcanzó al 18,8 por ciento de los hogares en 2025, según un informe del Instituto de Estadística y Censos porteño. El dato confirma un deterioro sostenido de las condiciones de vida en el distrito más rico del país y profundiza las brechas históricas entre el norte y el sur de la Ciudad. El indicador, que combina carencias simultáneas en alimentación, salud, vivienda, educación, equipamiento del hogar y privación social, muestra que la pobreza dejó de ser un fenómeno explicable únicamente por la falta de ingresos y se consolidó como un proceso estructural que afecta múltiples dimensiones del bienestar. Por Mailén González Buenos Aires, 17 de julio de 2026. La zona sur continúa siendo la más castigada, con un 30,4 por ciento de hogares en situación de pobreza multidimensional, pese a una leve mejora respecto del 32,1 por ciento registrado en 2021. En contraste, la zona norte exhibe apenas un 6,5 por ciento de hogares afectados, mientras que la zona centro pasó del 16,8 al 19,3 por ciento en el mismo período. La desigualdad territorial se mantiene como uno de los rasgos más persistentes del mapa social porteño y se profundiza en contextos de crisis económica, donde los hogares de menores ingresos enfrentan mayores dificultades para sostener consumos básicos y acceder a servicios esenciales.

El informe del Idecba revela que la dimensión “Alimentación” fue la que más se deterioró entre 2021 y 2025, al pasar del 22,4 al 25,6 por ciento de incidencia de privaciones. El organismo detectó un aumento de situaciones críticas como saltearse comidas, reducir porciones o comer menos variado por falta de recursos. Estas prácticas, advierte el informe, constituyen señales claras de empobrecimiento estructural, incluso en hogares que no son considerados pobres por ingresos. La advertencia es relevante porque muestra que la pérdida de bienestar puede avanzar aun cuando los ingresos nominales superen la línea de pobreza, especialmente en contextos de inflación persistente y salarios rezagados.

La dimensión “Privación social y educación” también mostró un ascenso, del 18,1 al 20,9 por ciento, impulsado por la dificultad de los hogares para afrontar gastos personales, realizar actividades recreativas, irse de vacaciones o invitar a familiares y amigos a comer. Estas restricciones, que suelen ser invisibilizadas en mediciones centradas exclusivamente en ingresos, reflejan un retroceso en la calidad de vida y en la capacidad de los hogares para sostener vínculos sociales y prácticas culturales básicas.

El estudio identifica un comportamiento dual en las estadísticas. Mientras la pobreza multidimensional aumentó, el llamado “núcleo duro” de la pobreza —hogares pobres tanto por ingresos como por carencias estructurales— descendió del 7,4 al 6,3 por ciento entre 2021 y 2025. Sin embargo, creció el grupo de hogares que son pobres multidimensionales pero no pobres por ingresos, que pasó del 10,2 al 12,6 por ciento. Este fenómeno revela que una parte creciente de la población enfrenta privaciones estructurales aun cuando sus ingresos superan los umbrales oficiales de pobreza, lo que sugiere que la inflación, el encarecimiento de servicios y la pérdida de poder adquisitivo erosionan el bienestar más allá de las mediciones tradicionales.

El deterioro del bienestar se vincula directamente con la dinámica de los ingresos familiares. En junio de 2026, una familia porteña necesitó 1.577.314 pesos para no caer en la pobreza, según el Idecba. La Canasta Básica Alimentaria, que marca el umbral de indigencia, se ubicó en 858.407 pesos. Ambas canastas crecieron apenas por debajo de la inflación del mes, pero muestran un salto significativo respecto del año anterior: la línea de pobreza pasó de 1.193.291 a 1.577.314 pesos en doce meses, mientras que la línea de indigencia avanzó de 639.029 a 858.407 pesos. El organismo recuerda que estas canastas no incluyen el costo del alquiler, por lo que los hogares inquilinos enfrentan umbrales mucho más altos para evitar caer en la pobreza.

La clasificación por estratos sociales según ingresos muestra un panorama de fuerte presión sobre los sectores medios. Los hogares considerados “no pobres vulnerables” tienen ingresos entre 1.577.313 y 1.994.869 pesos, mientras que el “sector medio frágil” se ubica entre 1.994.869 y 2.493.587 pesos. La clase media, definida por ingresos entre 2.493.587 y 7.979.478 pesos, enfrenta dificultades crecientes para sostener consumos básicos y evitar el endeudamiento. Por encima de ese rango se ubica el “sector acomodado”, con ingresos superiores a los 7.979.478 pesos mensuales.

El informe del Idecba se publica en un contexto de fuerte caída del consumo, cierre masivo de empresas y destrucción de empleo formal, provocada por la política de Milei que respalda el PRO. La pérdida de poder adquisitivo de los salarios, combinada con aumentos en tarifas, transporte y alimentos, obliga a los hogares a modificar hábitos de consumo y a recurrir al endeudamiento para cubrir gastos esenciales. La pobreza multidimensional, en este escenario, funciona como un indicador más preciso del deterioro del bienestar, ya que captura dimensiones que los ingresos por sí solos no alcanzan a explicar.

La Ciudad de Buenos Aires, que históricamente exhibe los niveles más bajos de pobreza del país, enfrenta así un proceso de empobrecimiento que afecta especialmente a los hogares del sur y a las familias con menores ingresos. El aumento de la pobreza multidimensional revela que la crisis económica no solo impacta en el bolsillo, sino también en la calidad de vida, en el acceso a servicios básicos y en la capacidad de los hogares para sostener prácticas sociales fundamentales. El desafío para los próximos años será revertir este deterioro estructural y evitar que la brecha territorial y social continúe ampliándose.



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