Cultura | Elogio del método
10/07
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Tiempo de restaurar
En una ciudad donde el ritmo cotidiano parece exigir velocidad y resultados inmediatos, existe un universo paralelo en el que el tiempo se desacelera y la paciencia se vuelve una herramienta imprescindible. Allí trabajan Darío y Diego, integrantes de la cuadrilla del taller Monumentos y Obras de Arte (MOA), el área del Gobierno porteño encargada de mantener, restaurar y proteger las esculturas, bustos, placas, fuentes y monolitos que conforman el vasto museo a cielo abierto de Buenos Aires. Por Mariela Sosa Buenos Aires, 10 de julio de 2026. Su tarea, silenciosa y minuciosa, sostiene un patrimonio que recorre el mundo a través de las fotos de miles de turistas y que forma parte de la identidad visual de la capital. Según publicó Filo News, el equipo completo está integrado por 18 escultores, restauradores, artesanos y choferes que trabajan diariamente para preservar más de 2.500 monumentos distribuidos en el espacio público.
El desafío es enorme. Buenos Aires es un territorio de circulación constante, escenario de actividades económicas, movilizaciones, celebraciones y rutinas que conviven en las mismas veredas. En ese contexto, el vandalismo aparece como el principal enemigo de las obras. Jorge Grimaz, subgerente operativo del MOA, explicó a Filo News que las intervenciones más frecuentes responden a grafitis, pintadas y faltantes de piezas, daños que obligan a actuar con rapidez para evitar un deterioro mayor. Diego, que recorre la ciudad a diario, coincide y señala que los alrededores del Congreso de la Nación suelen concentrar buena parte de las tareas de reparación. Pero el daño humano no es el único factor que afecta a las esculturas: el paso del tiempo y los agentes ambientales también dejan huellas. La lluvia, el granizo, las aves, los insectos y las bacterias que se alojan en los poros del mármol generan una degradación natural que exige intervenciones periódicas.
Restaurar una obra no es simplemente arreglarla. Es devolverle su brillo sin borrar su historia. Grimaz lo resume con una premisa central del MOA: toda intervención debe ser reversible, lo que implica que la obra no será modificada en su concepción original. La responsabilidad es enorme y el equipo lo sabe. “Si un monumento pudiera hablar, nos agradecería el trabajo que estamos haciendo y nos pediría que lo cuidemos”, dijo el funcionario. Para Darío, que estudió bellas artes y siempre sintió fascinación por los monumentos, el trabajo tiene un valor emocional. Estar en contacto con esculturas centenarias lo conecta con los artistas que las crearon y con el legado cultural que representan. Cada limpieza, cada reparación, cada puesta en valor es una forma de diálogo con el pasado. “Cuando pasamos por una escultura y la vemos cada vez más limpia, nos da satisfacción saber que tuvimos que ver con esa puesta en valor”, expresó.
Uno de los trabajos recientes del equipo fue sobre El Centinela de la Patria, obra del escultor Mateo Rufino Alonso, autor también del emblemático Cristo Redentor en la frontera con Chile. La pieza, ubicada en una plazoleta frente al Parque Centenario, representa a un hombre musculoso que protege el Escudo Nacional Argentino. Darío y Diego ya la visitaron tres veces y cada limpieza requiere al menos cinco intervenciones quincenales. Durante ese período actúa un biocida que elimina el moho que crece en la superficie porosa del mármol, un proceso que demanda tiempo, precisión y constancia. La escultura, que se eleva sobre una base de mampostería que duplica su altura, es un ejemplo del tipo de obras que requieren atención sostenida para conservar su integridad.
Pero no todas las restauraciones se realizan en el espacio público. Cuando las esculturas son pequeñas o de gran importancia histórica, se trasladan al taller del MOA, conocido popularmente como el “hospital de estatuas”. Ubicado en Palermo, el espacio fue ampliado el año pasado y ahora recibe visitas de vecinos y turistas interesados en conocer el detrás de escena del trabajo de conservación. Durante la inauguración, el jefe de Gobierno, Jorge Macri, destacó que el taller permite dimensionar la riqueza artística del patrimonio porteño. El lugar puede visitarse de lunes a viernes, de 10 a 17, en Adolfo Berro 3880, con acceso al patio de esculturas y al nuevo pabellón de exposiciones. Para participar, es necesario inscribirse por correo electrónico.
El taller funciona como un laboratorio donde las obras recuperan su forma original. Allí se realizan limpiezas profundas, consolidaciones estructurales, reposición de piezas faltantes y tratamientos específicos para cada material. El mármol, el bronce, la piedra y el hierro requieren técnicas distintas y los restauradores trabajan con herramientas que combinan tradición y tecnología. En algunos casos, las esculturas llegan con daños severos y el proceso de recuperación puede extenderse durante meses. En otros, se trata de intervenciones preventivas que buscan evitar un deterioro mayor.
La tarea del MOA es fundamental para preservar la memoria urbana. Cada monumento cuenta una historia: homenajes a próceres, figuras literarias, hitos históricos, símbolos nacionales y obras de artistas que dejaron su marca en la Ciudad. Sin el trabajo de Darío, Diego y el resto del equipo, ese patrimonio estaría expuesto a un deterioro irreversible. En una Buenos Aires que cambia y se reinventa, las esculturas permanecen como testigos silenciosos del tiempo. Y detrás de cada una de ellas hay manos que las cuidan, que las conocen y que trabajan para que sigan formando parte del paisaje cotidiano. Según Filo News, el MOA es hoy una pieza clave en la preservación del acervo cultural porteño, un esfuerzo que combina técnica, sensibilidad y compromiso con la historia compartida.
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