Política | Sube más que la inflación

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El costo de ser clase media

En la Ciudad de Buenos Aires, el costo de pertenecer a la clase media volvió a subir en mayo de 2026 y dejó en evidencia la presión que enfrentan los hogares porteños para sostener su nivel de vida. Según el último informe del Instituto de Estadística de la Ciudad (IDECBA), los ingresos mínimos necesarios para ser considerados parte de este segmento social crecieron 2,7 por ciento en un solo mes, superando la inflación oficial del distrito, que se ubicó en 2,1 por ciento. En términos interanuales, la canasta de clase media aumentó 31,6 por ciento, lo que refleja un ritmo de incremento superior al de los precios minoristas y marca un deterioro en la capacidad de acceso de los hogares a este estrato. Por Mateo Salvo Buenos Aires, 12 de junio de 2026. El estudio del IDECBA se basó en la canasta total de bienes y servicios esenciales y definió los ingresos de la clase media entre 1,25 y 4 veces su valor, dependiendo de la composición del hogar. Para una familia tipo, integrada por una pareja de 35 años económicamente activa y propietaria de la vivienda, con dos hijos de 9 y 6 años, la canasta alcanzó en mayo los 1.960.036 pesos. De este modo, el ingreso mínimo requerido para ser considerado clase media fue de 2.450.045 pesos, mientras que el máximo se fijó en 7.840.144 pesos. Por debajo de esos valores, los hogares se clasificaron como indigentes, pobres no indigentes, no pobres vulnerables o sector medio frágil, según los ingresos registrados.

La segmentación mostró que bajo el umbral de 844.145 pesos un hogar se encuentra en situación de indigencia, mientras que entre 844.145 y 1.549.224 pesos se ubica en pobreza no indigente. Entre 1.549.224 y 1.960.035 pesos se considera no pobre vulnerable, y entre 1.960.035 y 2.450.044 pesos, sector medio frágil. Recién a partir de 2.450.045 pesos se ingresa a la clase media, hasta un máximo de 7.840.142 pesos, por encima del cual se clasifica como sector acomodado. Estas cifras evidencian que el salto entre categorías sociales puede depender de diferencias de ingresos relativamente pequeñas, mientras que para acceder al sector acomodado la brecha se amplía significativamente.

El informe también contempló otros tipos de hogares. Un adulto joven de 25 años, económicamente activo y propietario de la vivienda, necesitó al menos 1.274.518 pesos para ser considerado clase media, con un máximo de 4.078.456 pesos. Una pareja joven de 25 años, ambos activos y propietarios, debió contar con ingresos entre 883.837 y 2.828.276 pesos. Para una pareja de adultos mayores, económicamente inactivos y propietarios, el rango se ubicó entre 1.437.283 y 4.599.304 pesos. En el caso de una pareja joven no propietaria, el ingreso mínimo requerido fue de 1.814.029 pesos y el máximo de 5.804.892 pesos. La variación en los valores respondió directamente al costo de la canasta total para cada tipo de hogar, que se ajustó según los bienes y servicios esenciales definidos por el organismo.

La evolución mensual mostró que entre abril y mayo de 2026 el ingreso mínimo para la familia con dos hijos pasó de 2.384.515 a 2.450.045 pesos, mientras que el hogar unipersonal necesitó 33.000 pesos adicionales para sostener su estatus de clase media. En términos interanuales, el incremento fue aún más marcado: en mayo de 2025, el ingreso mínimo de la familia tipo era de 1.868.183 pesos, y un año después ascendió a 2.450.045 pesos. Para el hogar unipersonal, el salto fue de 968.851 a 1.274.518 pesos en el mismo período. Estos datos confirmaron que la canasta de clase media creció más rápido que la inflación oficial de la Ciudad, lo que implica un mayor esfuerzo económico para los hogares.

El fenómeno impacta directamente en la composición de los estratos sociales. La velocidad del aumento de los ingresos necesarios para sostener la pertenencia a la clase media genera desplazamientos hacia sectores más vulnerables, ya que muchos hogares no logran acompañar el ritmo de los incrementos. La inflación de 2,1 por ciento en mayo quedó por debajo del alza mensual de la canasta de clase media, lo que significa que los gastos esenciales subieron más rápido que el índice general de precios. Esta dinámica erosiona la capacidad de consumo de los hogares y pone en riesgo la estabilidad de un segmento que históricamente funcionó como motor económico y social de la Ciudad.

Las cifras del IDECBA exhibieron con claridad la tensión entre ingresos y costo de vida en Buenos Aires. El aumento sostenido de los requisitos para ser considerado clase media refleja las dificultades de los hogares para sostener su nivel de vida en un contexto de inflación persistente y encarecimiento de los bienes y servicios básicos. La clase media porteña, que durante décadas fue símbolo de movilidad social y estabilidad, enfrenta hoy el desafío de no quedar desplazada hacia estratos más vulnerables, mientras el costo de pertenecer a ella se incrementa mes a mes.


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