Legislativas | Macri ajusta a los pibes
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Sacan viandas a clubes
El recorte de desayunos y almuerzos en los Clubes de Chicos de la Ciudad de Buenos Aires abrió un fuerte debate sobre el rol del Estado en la garantía de derechos básicos de la infancia. En las últimas semanas, el Gobierno porteño decidió reducir en 3.300 millones de pesos el presupuesto destinado a estos espacios recreativos y educativos, eliminando la provisión de viandas que incluían un plato de comida caliente para los niños y niñas que asisten. La medida generó rechazo inmediato en sectores políticos y sociales, y motivó a la legisladora Maru Bielli, de Fuerza por Buenos Aires, a presentar un pedido de informes para exigir explicaciones sobre los motivos nutricionales y pedagógicos de la decisión. Por Martín Pérez Díaz
Buenos Aires, 24 de abril de 2026. Los Clubes de Chicos son programas con larga trayectoria en la Ciudad. Funcionan los sábados en instituciones educativas y ofrecen actividades recreativas, deportivas y culturales durante cuatro horas. Para muchas familias, representan una alternativa fundamental: permiten que los padres que trabajan los fines de semana tengan un espacio seguro donde dejar a sus hijos, y al mismo tiempo garantizan acceso a actividades gratuitas en un contexto económico que limita la posibilidad de pagar cuotas en clubes privados. Hasta ahora, además de jugar y aprender, los niños recibían desayuno y almuerzo, lo que convertía a estos espacios en un sostén nutricional clave.
Bielli calificó la decisión como “cruel e inentendible”, subrayando que el presupuesto destinado a las viandas es insignificante en comparación con el impacto que tiene en la vida cotidiana de las familias. “Estamos hablando de un plato de comida caliente para niños y niñas de la primaria en la Ciudad de Buenos Aires”, señaló, y agregó que la medida desorganiza la rutina de quienes combinaban la asistencia a los Clubes con otros programas culturales como las orquestas infantiles, que también funcionan desde hace más de dos décadas.
El pedido de informes busca que el Ejecutivo detalle las razones detrás del recorte y especifique qué áreas son responsables de la decisión. Según la legisladora, las respuestas obtenidas hasta ahora son evasivas y trasladan la responsabilidad al Ministerio de Desarrollo Humano y Hábitat, sin dar precisiones sobre los criterios utilizados. Para Bielli, mirar hacia otro lado equivale a ser cómplice de una medida que profundiza la desigualdad y vulnera derechos básicos.
La eliminación de las viandas se inscribe en un contexto más amplio de ajuste presupuestario en la Ciudad, donde distintos programas sociales y culturales han sufrido recortes. El argumento oficial apunta a la necesidad de racionalizar gastos, pero la oposición advierte que se trata de un ahorro mínimo que impacta de manera desproporcionada en sectores vulnerables. La discusión se conecta con el debate nacional sobre el rol del Estado en la protección de la infancia y la garantía de derechos sociales, en un escenario de crisis económica que ya afecta la alimentación y el acceso a actividades recreativas de miles de familias.
Los Clubes de Chicos no solo cumplen una función recreativa, sino también pedagógica y comunitaria. En ellos se desarrollan talleres de ajedrez, deportes y actividades culturales que promueven la integración y el aprendizaje colectivo. La comida formaba parte de esa propuesta integral, asegurando que los niños pudieran participar en igualdad de condiciones, sin que la falta de recursos en sus hogares se convirtiera en un obstáculo. La decisión de quitar el desayuno y el almuerzo, por lo tanto, no solo afecta la nutrición, sino también la inclusión social y educativa.
La polémica se trasladó a la Legislatura porteña, donde se espera que el pedido de informes sea tratado en comisión. Allí, la discusión se centrará en si el recorte responde a una política de ajuste general o si se trata de una decisión puntual que puede ser revertida. Mientras tanto, las familias que dependen de estos programas enfrentan la incertidumbre de cómo reorganizar sus rutinas y garantizar la alimentación de sus hijos los fines de semana.
El caso de los Clubes de Chicos se convirtió en un símbolo del impacto que tienen las decisiones presupuestarias en la vida cotidiana. Lo que para el Gobierno puede representar un ahorro administrativo, para las familias significa la pérdida de un espacio de contención y de un plato de comida caliente. La tensión entre austeridad fiscal y derechos sociales vuelve a estar en el centro del debate porteño, y la respuesta que se dé a este conflicto marcará el rumbo de la política social en la Ciudad en un momento de creciente vulnerabilidad.
La medida, calificada como “cruel” por la oposición, abre un interrogante sobre las prioridades del Ejecutivo porteño y sobre el modelo de gestión que se busca consolidar. En un contexto de crisis económica, los programas que garantizan acceso a la alimentación y a la recreación infantil se vuelven más necesarios que nunca. La eliminación de las viandas en los Clubes de Chicos no solo recorta un servicio, sino que pone en discusión el compromiso del Estado con la infancia y con la construcción de una ciudad más inclusiva.
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