Información general | Análisis del desperdicio de alimentos

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Comida al tacho

Buenos Aires tiene un problema con la gestión de sus residuos. La mitad de la basura son restos de comida. Pero mucha no está en mal estado. Aunque las pérdidas de alimentos se producen en todos los eslabones de la cadena de producción, distribución, comercialización y consumo, lo cierto es que, es en los hogares donde se origina más desperdicio, representando alrededor del 40 por ciento del total. Por Joaquín Ramírez Souto Buenos Aires, 30 de noviembre de 2013. Casi 3 mil toneladas al día de desechos orgánicos se generan en Buenos Aires, sin contar el conurbano. En gran medida, restos de comida. Es la mitad del problema de la basura. Pero mucho de lo que se tira es comida en buen estado.

No somos los únicos. En la Unión Europa calcularon que se despilfarran cada año 89 millones de toneladas de alimentos en buen estado. Mucha comida. Pero, más allá del problema ético y nutricional que ello supone, el desperdicio de comida trae consigo un negativo impacto ambiental al convertirse en gases de efecto invernadero. Al descomponerse, sin un tratamiento adecuado, esos restos generan metano, el principal causante del efecto invernadero en el mundo.

Según el Director General de Industria Alimentaria del Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente español, Fernando Burgaz, los desperdicios alimentarios son culpables del 3 por ciento de las emisiones totales de metano en el ámbito europeo. “Es un problema de todos y todos tenemos que tomar conciencia y cambiar nuestro procedimiento de trabajo y de gestión”.

Aunque las pérdidas de alimentos se producen en todos los eslabones de la cadena de producción, distribución, comercialización y consumo, lo cierto es que en los hogares es donde se origina más desperdicio, representando alrededor del 40 por ciento del total.

¿Las razones de tanto desperdicio? Los expertos indican que se conjugan varios factores para explicar el despropósito. En primer lugar, la abundancia y la variedad de los alimentos disponibles. Los centros de comercialización inducen la satisfacción de gustos repentinos y pocos saben cómo planificar su alimentación, administrando adecuadamente lo que se adquirió.

También el conocimiento de que existen fechas de vencimiento para todo, promueve el descarte apresurado ante el temor de ingerir cosas en mal estado. Además, la creciente tendencia a consumir alimentos preparados que vienen en grandes porciones, amontona restos en buen estado que aguardan en la heladera sin suerte, a que se los consuma.

No menos importante es el hecho que se extiende el número de hogares de una sola persona. Así cocinar comida en casa es más difícil, porque exige administrar con exactitud las cantidades utilizadas en cualquier preparación. El resultado es que se incrementan los desechos que podrían haberse evitado.

UNA SOLUCIÓN PARA CADA PROBLEMA

Desperdiciar comida es malo. Para producirla se usaron recursos que no son excesivos. Pero peor es que por su descomposición sin control se dañe adicionalmente al planeta. El problema tiene solución. Si la degradación se realiza en plantas adecuadas con condiciones controladas, el metano que se origina por la fermentación puede recolectarse y usarse como lo que es: un combustible apto para el consumo domiciliario.

“Para que sea factible el reciclado de los restos orgánicos, los porteños deberemos encontrar caminos para procesarlos en nuestros barrios”, señaló Gerardo Codina, titular de la ONG ambientalista SOS Buenos Aires y autor del libro Ciudad Basura. “Se pueden desarrollar plantas de tratamiento en cada barrio. No es necesario que ocupen lugar en la superficie. Pueden instalarse bajo nivel y hacer sobre ellas espacios verdes. Solucionaríamos varios problemas a la vez y dispondríamos de un recurso energético renovable producido localmente.” Es para pensar.



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